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Lecturas de Enero ‘20

Hay personas que se proponen leer un libro por semana. Otras incluso quieren romper ese record. Yo me propuse leer consistentemente, y que eso me lleve a terminar tantos libros como sea. Hay días que leo durante horas, otros días apenas alcanzo a leer unos minutos. También hay días en los que no leo nada, y está bien que así sea en ocasiones.

Este mes leí cuatro libros, de los cuales voy a hacer una brevísima reseña, más que nada para atender a mis necesidades futuras de recordar qué impresión me generó un libro.

The subtle art of not giving a f*ck, de Mark Manson [3.75/5]

Este libro lo compré en un aeropuerto y decidí leerlo por recomendación de Manuel, un amigo, colega, y compañero de aventuras. Según él, era un libro de autoayuda con ingredientes extra.

El contenido me pareció interesante: que el autor lo narre en primera persona suma mucho a la identificación que puede hacer el lector. Sin embargo, el tipo de vida de Mark es bastante diferente al de las personas comunes. Eso lleva a que lo admires y quieras imitarlo, o no puedas establecer una conexión con sus notas y lecciones aprendidas.

En general me pareció un buen libro, lleno de fragmentos con los que uno puede sentirse identificado (quitando el detalle que ya mencioné).

Hello World, de Hannah Fry [4.25/5]

Empecé con este libro en noviembre del año pasado, y lo pausé por un tiempo. Decidí terminarlo porque Hanna Fry es una persona que sabe explicar y que realmente llega a su público. Veo sus videos en Numberphile, escuché algunos episodios de su podcast, y ví varias de sus charlas TED.

El libro es un paseo por distintos aspectos del software, en el cual nos muestra qué tan metido está en nuestras vidas. Plantea muchos de los dilemas morales con algunos aspectos de los algoritmos, y si bien mayormente deja en claro su postura, nos deja decidir por nosotros mismos. Proporciona, adicionalmente, muchísimas referencias para leer en profundidad (rasgo evidentemente académico).

El libro fue lo mejorcito que terminé durante enero, y me quedé con ganas de más contenidos. Espero que algún día salga una segunda parte, que seguramente se necesitará dado el ritmo que los avances tecnológicos están tomando.

Los cuatro acuerdos, de Miguel Ruiz y Janet Mills [3/5]

Me debía leer este libro desde hace años. Bastantes personas me lo habían recomendado, y al notar que no era un libro muy abultado, decidí darle una oportunidad.

Lamentablemente el libro se repite muchísimo, no entiendo si es para llenar más páginas. Las mismas ideas se leen una y otra vez, cuando quizás con una oportunidad y un ejemplo era suficiente. Los mencionados acuerdos son relativamente sencillos de entender, y con dos páginas de explicación por cada uno hubiera alcanzado. Los ejemplos proporcionados aclaran un poco los conceptos, pero son dispensables.

El libro me pareció adecuado, no me encantó. Lo recomendaría para personas que necesitan ordenarse y alcanzar la paz interior. La vida moderna y la vanalidad nos hace olvidar algunos de los puntos expuestos en el libro, y está bueno como recordatorio de que uno puede vivir con un poco más de orden y sosiego.

Kettlebell: Simple and Sinister, de Pavel Tsatsouline [4/5]

Durante enero comencé un curso en el que se aprenden movimientos y técnicas de pesas rusas, o kettlebells. Teniendo un trasfondo en las artes marciales, me gustó cómo se complementan éstas con el elemento, y decidí profundizar.

El libro me pareció muy claro, con consejos prácticos y fundamentos sólidos para el inicio de un entrenamiento prolongado con pesas rusas. Pavel sabe realmente ser conciso y directo. No escatima en explicaciones, pero lo hace de un modo tan ordenado que no es tedioso.

Definitivamente recomiendo este libro, que aunque poco tiene que ver con la temática de este sitio, mucho tiene que ver con mi lectura y crecimiento personal. Hay muchísimos videos en YouTube al respecto, pero disponer de un libro con el conocimiento sistematizado, ordenado y explicado es un lujo que nos ahorrará mucho tiempo en búsquedas y lesiones por caer en videos de instructores poco preparados.

Conclusión

Enero fue un mes en el que pude leer bastante, ya que me encontraba de vacaciones de algunas de mis obligaciones. Sin embargo, retomar el hábito de la lectura consistente no fue simple: hay días en los que debía leer en la cama, a punto de dormir… y eso generaba que no pudiera apreciar lo que estaba leyendo.

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